Noviembre de 2011 · Marca.com

En algunas ocasiones el tren del éxito llega cuando uno no se lo espera. El trabajo diario te da una recompensa que no esperas y que incluso tampoco se sueña. En estos casos, lo importante es disfrutarlo y aprovecharlo al máximo.
En esta situación se mostró el CD Calahorra en la temporada 2000-2001. Dentro de la jungla de la Segunda B española, el conjunto riojano se marcó la zona media de la tabla como objetivo y conforme pasaron las jornadas, su presencia en la parte alta de la tabla dejó de ser una sorpresa.
Dentro de ese sueño estaba un joven Carlos Cuéllar, que comenzaba a sentirse futbolista y probaba por primera vez fortuna en el mundo del fútbol lejos de su Madrid natal. El hoy jugador del Aston Villa recuerda que durante aquella fase de ascenso a la categoría de plata sintió "mayores sensaciones que en la final de la Copa del Rey o en la de UEFA que jugué con Osasuna y con el Glasgow Rangers", agregando que "me empezaba a sentir futbolista y para mí fue como una final de la Champions, era lo máximo".
Con una plantilla formada por canteranos de Osasuna y ex jugadores de Segunda división, el club calagurritano se jugó el ascenso con el Polideportivo Ejido en un duelo donde "metimos un gol que entró tres metros, pero el árbitro dijo que como había papeles en la portería no lo pudo ver", recordando que "tampoco nos pitaron un penalti" tras haber dejado atrás a los filiales de Atlético de Madrid y Espanyol B.
Lejos del profesionalismo que ha vivido el central español durante sus pasos por Numancia, Osasuna, Glasgow Rangers o Aston Villa, el actual 'villano' recuerda como tras llegar de hacer la pretemporada con el Numancia, recién descendido de Primera, le chocó que "la ropa que usábamos era muy vieja y cuando hacía frío, llevábamos nuestra propia ropa", lamentando que también tuvieron que sufrir los impagos, algo complicado porque vivíamos "mes a mes".
Aunque el final del cuento no llegó a tener un final feliz por no conseguir el ascenso, el defensa destaca que entonces fue cuando "empiezas a vivir y disfrutar del fútbol", algo conseguido a pesar de que "el comienzo fue muy complicado", ya que "estuve dos meses sin jugar y llegué a querer salir del equipo". Esta situación cambió radicalmente tras hablar con el técnico Emilio Ramírez, "un personaje estilo Quique Martín", según Cuéllar, ya que "me hizo debutar contra el Barakaldo, jugué de lateral, no recuerdo si derecho o izquierdo, y a partir de entonces jugué todos los partidos de central".
Con 18 años y tras rechazar una oferta del Atlético de Madrid, Cuéllar ya comenzaba a destacar entre una plantilla que contaba con hombres como Ochoa, (Huesca) o Chiki (ex Elche). De hecho, pese a su suplencia, el madrileño recuerda que gente como su amigo Beramendi le decía "no te preocupes Cuellitar, que vas a acabar en el Madrid aunque el bigotes - Emilio Remírez- no te ponga".
Finalmente, tras el sueño de disfrutar de su partícular 'Liga de Campeones', el Calahorra terminó desceniendo a Tercera división, donde lucha por volver a la categoría de bronce y quien sabe si algún día, finiquitar la faena que comenzó en su momento.
Artículo original de Pablo Egea